Viaje Literario: París era una fiesta de Hernest Hemingway


¡Hola a todos! Hoy vengo de vuelta con un viaje literario, que hace bastante que no publico ninguno. Además, se trata de una ciudad de la que llevaba mucho tiempo queriendo hablar, como ya habréis visto por el título se trata de París. Y para ello, no he podido evitar elegir a Hemingway para guiarnos por este increíble viaje por el París de los años 20. 

Si tienes la suerte de haber vivido en París cuando eres joven, luego París te acompañará vayas a donde vayas, todo el resto de tu vida, ya que París es una fiesta que nos sigue”

Existen lugares que con el paso del tiempo han adquirido un poder, un ambiente, entre sus calles y sus gentes, que es mágico. Este es el caso de París, por lo que no es de extrañar que toda una generación de escritores americanos se trasladara a esta ciudad en los años 20. La orilla izquierda del río Sena se transformó en el barrio predilecto de estos escritores atraídos por la aventura, la libertad, la cultura del viejo continente y, por qué no decirlo, las pensiones baratas.

Una de las primeras en llegar fue Gertrude Stein, que más tarde bautizó a este grupo de escritores como “la generación perdida”. Estados Unidos estaba viviendo su gran época de los excesos, y esto traía consigo grandes inconvenientes sociales (los grandes bancos estaban quebrando, empezaron a surgir grupos criminales traficantes de alcohol, etc). La situación en Europa era bastante peor, pues nos encontrábamos sumergidos en plena Primera Guerra Mundial, esto atrajo a muchos jóvenes estadounidenses con ansias de aventura y grandeza entre los que se encontraban: Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner y Steinbeck. Al acabar la guerra muchos de ellos decidieron quedarse en Europa, atraídos por el ambiente bohemio de arte y cultura, y para ello eligieron París.

Hernest Hemingway
La misma Miss Stein acabó apadrinando a Hemingway para ayudarlo a convertirse en escritor. Gracias a ella, él impulsará su obra, y le presentará a grandes personalidades imprescindibles para su carrera como Maddox Ford, Evan Shipman, Wyndham Lewis, etc. Fueron años muy felices para Hemingway, tanto profesional como personalmente, él mismo dice en su obra que junto con su mujer y su hijo fueron “muy pobres pero muy felices”.

Hemingway escribió París era una fiesta cuando visitó Paris junto con su cuarta esposa, en el hotel donde se alojaban le dijeron que guardaban unas cajas del autor desde hacía unos 30 años. En esas cajas Ernest encontró libretas y anotaciones de cuando vivió en París con su primera mujer. Con esos apuntes escribió esta gran novela autobiográfica que se publicó póstumamente.

Empecemos con nuestro recorrido:



El 27 Rue Fleurus:
Placa que se encuentra en el 27 Rue Fleurus

El 27 Rue Fleurus, o lo que es lo mismo, la casa de Gertrude Stein, se convirtió en el centro de reunión de los mejores artistas del momento. Ella como amante del arte, coleccionó y promovió a artistas como Picasso, Matisse y Braque. Una tarde en la casa de Stein, consistía en tener charlas entre escritores y artistas como Hemingway, F. Scott Fitzgerald, Ezra Pound, Salvador Dalí, Pablo Ruiz Picasso, Luis Buñuel, Man Ray o T.S. Eliot.

Hoy en día es un edificio privado, si tenemos la suerte de encontrar la puerta del portal abierta podemos entrar a curiosear un poco. Pero no importa que esté cerrada, podemos quedarnos delante y pensar en la cantidad de artistas y escritores que habrán pasado por ahí, una sensación mágica.



Barrio latino:

El barrio latino de París rebosa historia literaria. En el número 74 de la Rue du Cardinal Lemoine fue donde vivió Hemingway con su primera mujer, Hadley, y el hijo de ambos. En esta misma calle se encontraba el Bal au Printemps, en el que se inspiró el autor para uno de los lugares que aparece en su novela Fiesta.

Hemingway nunca escribía en casa, para ello se iba a cafeterías u hoteles. Uno de los hoteles que más frecuentaba se encontraba en la buhardilla del 39 de la Rue Descartes.

La Rue Descartes va hacia el sur hasta Place de la Contrescarpe, en el que destaca el Café des Amateurs muy frecuentado también por el autor, hoy en día Café Delmas. Hay bastantes referencias a este café en el libro, el primer capítulo se centra en el mismo, sin ir más lejos, donde Heminway escribe mientras da cuenta de una docena de portuguesas y media jarra del blanco seco especialidad de la casa.



Librería Shakespeare & Company:

En este magico local del Barrio Latino en el 37 Rue de la Bûcherie, podremos encontrar libros en inglés nuevos y usados. Algo muy interesante de la librería, es que por la noche los sofás se convierten en camas para los escritores, a cambio de ordenar las estanterías. También se realizan lecturas de autores y talleres y festivales literarios.

Sylvia Beach dirigió la tienda original (cerrada por los nazis en 1941) y se convirtió en punto de encuentro de la “generación perdida” de Hemingway. De hecho, la misma Sylvia aparece en la novela, amiga de Hemingway, que le prestaba libros de forma gratuita.

El estadounidense George Whitman abrió la actual tienda en 1951, aunque no se encuentre en el mismo lugar que la anterior (pues estaba en el 12 de la rue de l’Odéon), mantiene la misma esencia. En 2006, el ministro de cultura francés nombró Officier des Arts et Lettres a Whitman. Su hija, Sylvia Beach Whitman, es la actual propietaria de Shakespeare & Company.



Río Sena:

A Hemingway le encantaba pasear por las orillas del Sena. Solía empezar su ruta en el Halle-aux-Vins, un barrio algo feo, pero con un mercado tipo almacén de puerto donde se guardaba vino a cambio de pago de impuesto.

Atravesando un brazo del Sena se llega a la Île Saint Louis, con calles estrechas y casas viejas. Y torciendo a la izquierda la Cité donde destaca la maravillosa catedral de Notre-Dame.

Pero sin duda el lugar que más frecuentaba Ernest Hemingway eran los puestos de libros que hay en el pretil de los muelles, los famosos bouquinistes (libreros de viejo), donde era posible encontrar libros americanos recién publicados muy baratos.

También se encontraban libros baratos en el hotel de La Tour dÁrgent, donde los huéspedes se dejaban libros olvidados y los vendían en un puesto cercano.



Gare du Nord:

La estación de trenes Gare du Nord es la principal estación ferroviaria de Francia.

Para Hemingway era una estación importante, ya que era donde cogía el tren para llegar al hipódromo. Tanto su mujer como el eran grandes aficionados a los hipódromos.





Place Saint-Sulpice:

Otro paseo que le encantaba a Hemingway era por la place Saint-Sulpice. Al salir del Luxemburgo bajaba por la rue Féru hasta esta plaza. El motivo de este bonito paseo a través de la fuente con leones, las estatuas llenas de palomas posadas, la iglesia y las tiendas de objetos de arte religiosos es que es de las pocas zonas de la ciudad dónde no hay panaderías o cafés. Y es que Hemingway era tan pobre, que solo comía una vez al día: la cena. Y claro, viviendo en París, una de las grandes capitales de la gastronomía, el hambre aprieta y mucho.

Y es que decía que al llegar el 12 de la rue de l’Ordéon su hambre estaba totalmente reprimida, pero sus sentidos para captar nuevas lecturas estaban totalmente receptivos. Según Ernest, el hambre era una buena disciplina.



Casas:

Como ya hemos dicho, Hemingway conoció a grandes personalidades en París. Con algunos de estos artistas o autores tuvo una gran amistad y los visitaba asiduamente en sus casas.

En la Rue Notre-Dame-des-Champs era dónde vivió Ezra Pound y su mujer Dorothy. Hemingway le describe como un buen amigo que siempre hacia favores y ayudaba a todo el mundo. Su casa, dice, tenía tanto de pobre como de rico, al igual que la de Gertrude Stein, con solo una estufa para calentarse y las paredes cubiertas de cuadros de artistas japoneses amigos suyos.

En el 14 de la Rue Tilsitt vivian Scott y Zelda Fitzerald junto con la hija de ambos. Scott era un gran amigo de Ernest, y protagoniza tristemente los capítulos más divertidos de la novela, ya que Fitzgerald tenía un importante problema con la bebida (ocasionado por la enfermedad mental de su mujer), lo que da paso a unas situaciones algo surrealistas.



Museo del Louvre:

Uno de los lugares más importantes de la ciudad, y sin duda mi favorito, solo aparece por encima en la novela, cuando Hemingway y Fitzerald buscan un lugar apartado para hablar en privado de los problemas personales de este último con su mujer.

Aun así, para cualquiera que visite la ciudad de París es totalmente imprescindible la entrada en este museo, donde hay obras maestras como La balsa de la medusa, La Gioconda, Las bodas de Caná, La victoria de Samotracia, La Venus de Milo, La coronación de Napoleón, La libertad guiando al pueblo, etc.



Restaurantes:

Me he dejado lo mejor para lo último: los restaurantes. No voy a hablar de todos los que se mencionan en el libro porque no acabaría nunca, y es que como he dicho antes París es una de las capitales gastronómicas del mundo por lo que las referencias culinarias son abrumadoras.

Muchos de estos cafés, restaurantes o bistrós, aún continúan existiendo, algunos de ellos incluso se alimentan de la fama de haber sido frecuentados por estos artistas y escritores de esta importante generación.

Hemingway frecuentaba restaurantes de todo tipo, desde los más económicos como el sencillo bistró de square Louvois al lado de la Bibliothèque Nationale a Michand solo accesible con las ganancias que le proporcionaba el hipódromo.

Uno de los cafés con más historia es Closerie des Lilas, en el 171 Boulevard du Montparnasse, sigue existiendo hoy en día. Hemingway lo frecuentaba junto con Madox Ford o Evan Shipman, pero no solo ellos, también eran habituales del café Marcel Duchamp, Baudelaire, Verlaine y Gautier, Lenin o Paul Fort.

También cabe destacar la brasserie Lipp, en el 151 Boulevard Saint-Germain, frecuentada por Gide, Malraux, Proust, Camus, Sartre en sus tiempos. Hoy en día, la brasserie sigue frecuentada por personas tan conocidas como: Fabrice Luchini, Jean-Paul Gaultier, Jack Nicholson, Sofia Coppola, Sandrine Kiberlain o Benjamin Biolay.

Por supuesto hay muchos más como el bar Dingo, donde Hemingway conoció a Fitzgerald, o el Dôme donde se reúne con el pintor Jules Pascin.





No puedo terminar este viaje literario sin recomendaros la lectura de París es una fiesta, un libro que habla de esta mágica ciudad. Un libro que habla de libros y de autores.

Me gustaría acabar diciendo que, si no os apetece leer este libro (que no entiendo por qué) os recomiendo mucho la película de Medianoche en París, de Woody Allen (no soy muy fan de este director, pero creerme la película es buenísima). Allen se inspiró en gran parte en París era una fiesta para la película.  


Comentarios

  1. Me encantan estas entradas tuyas 😍. Fui a París hace mucho tiempo, hará unos 9 años y aunque era muy bonito y lo pasé genial, tengo la sensación, bueno, la sensación no, más bien no lo aproveché bien. Si vuelvo algún día hay cosas de esta lista que tengo que hacer/ver sí o sí. La película que recomiendas la tengo pendiente desde que salió y mira que tengo ganas de verla... A ver si la veo dentro de poco de una vez 😊

    Besos.

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    1. Hola Bibiana,

      No te preocupes que yo tengo también esa sensación muchas veces, de hecho me pasó la primera vez que fui a París, tanto que volví a ir al año siguiente. Ahora me ha pasado también en el viaje a Egipto, así que... tocará volver jajaj y tu igual!! Espero que te guste la peli, mira que a mí no me gusta nada Woody Allen pero esta me encantó.

      Besos!!

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  2. El libro lo leí hace tiempo y me gustó y tu post me ha encantado,un paseíto por Paris mientras desayuno.
    Besos

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    1. Gracias Inés, me alegra mucho que te guste! a ver si me animo y hago más viajes literarios, tengo uno pensado de Praga (una de mis ciudades europeas favoritas) desde hace tiempo, a ver si me pongo con él.

      Besotes!

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  3. ¡Hola guapa!

    Me encantan estas entradas. No tengo la suerte de conocer París pero me he sentido un poco allí leyendo esto, Eso sí, la peli de Medianoche en París me pareció preciosa.

    Un besote

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